El acné está causado por la bacteria estreptococo, que se ha fortalecido con el tiempo a causa de los antibióticos, que puede que hayas tomado en algún momento de tu vida o a los que hayas estado expuesto sin saberlo a través del suministro de alimentos y de agua. El estreptococo anida en el hígado y, cuando el hígado y el sistema linfático se debilitan, el estreptococo puede viajar y llegar a la piel. Se produce sebo para intentar impedir que el estreptococo cause daño a tu piel.
Cuando el sebo ya no basta
Como el estreptococo se ha alimentado bien de los alimentos de los que se nutre, como los lácteos, los huevos, el gluten, el aceite de canola, el maíz y la soja, junto con una plétora de toxinas en el hígado, en este punto su vitalidad es extrema. El sebo no es suficiente para detenerlo. Ahora el sistema inmunitario de la piel se pone en marcha a un nivel superior y provoca la producción de sebo en volúmenes aún mayores, como último intento de atrapar la bacteria y proteger tu piel.
Del hígado al acné quístico
Cuando el estreptococo es fuerte, lucha y sobrevive a los linfocitos y a las células asesinas justo debajo de la epidermis. Trepa hasta la capa externa de tu piel y aparece el acné quístico. Los brotes pueden ser leves o devastadores.
Qué determina la gravedad del acné
Muchísimas cosas influyen en que un caso de acné sea leve, agravante o extremo:
- cuántas cepas de estreptococo tienes
- cuántas toxinas, como los metales pesados, hay presentes en el hígado y en el tejido subcutáneo de las que el estreptococo puede alimentarse
- cuántos antibióticos has usado o ingerido de otro modo a lo largo de tu vida
- qué ocurrió antes de tu vida y has heredado
- qué tipo de picos de adrenalina experimentas en tu día a día
- la exposición a pesticidas
- cómo es tu dieta


