El estreñimiento aparece cuando el hígado lleva tiempo funcionando de forma lenta y estancada, produce menos bilis y se ha vuelto graso por distintos factores, como los metales pesados tóxicos, otras toxinas y una infección vírica o bacteriana de bajo grado tanto en el hígado como en el tracto intestinal. Cuando la infección patógena está presente en el intestino, puede provocar estrechamientos o dilataciones tanto en el intestino delgado como en el colon. Las neurotoxinas víricas también pueden causar inflamación de las terminaciones nerviosas que rodean el tracto intestinal, lo que se traduce en un enlentecimiento del peristaltismo e incluso en gastroparesia.
La parte del sistema linfático que rodea el intestino también puede sobrecargarse, lo que provoca una acumulación de líquido linfático que ejerce presión contra los intestinos, suficiente para ralentizar el movimiento peristáltico y crear zonas más estrechas que dificultan el paso de los alimentos. Los patógenos, junto con sus desechos tóxicos y su lodo, además de los metales pesados, pueden llegar al íleon junto con alimentos que no se han digerido ni descompuesto bien, lo que inflama esta última sección del intestino delgado y contribuye al estreñimiento. En realidad, es la zona del intestino que con más frecuencia se inflama; aquí también puede formarse tejido cicatricial.
El papel de la alimentación
Otra causa del estreñimiento crónico son los alimentos que alimentan a los virus y a las bacterias improductivas del intestino delgado y del colon, creando inflamación en esa zona; los más habituales son la leche, el queso, la mantequilla, los huevos y el gluten. El problema puede avanzar con una dieta alta en grasas y en proteínas.
Cuando el colon se inflama por cualquier motivo, puede doblarse ligeramente en sus distintas curvaturas.
Estreñimiento agudo
Entre las causas del estreñimiento agudo están el estrés emocional o los nervios, que provocan un exceso de tensión o espasmos en los músculos abdominales que rodean el intestino delgado y el colon. Los viajes largos en coche y en avión, combinados con alimentos que no favorecen la regularidad, también pueden provocar estreñimiento a corto plazo.


