Cuando la inflamación es misteriosa y no es el resultado de una lesión física, la causa oculta es un patógeno —como un virus— que se alimenta tanto de metales pesados tóxicos (como el mercurio, el aluminio y el cobre) como de alimentos problemáticos (como los huevos, el gluten y los lácteos) y, como resultado, produce compuestos químicos llamados neurotoxinas y dermatoxinas que elevan los niveles de inflamación en todo el cuerpo. Una dieta alta en grasas y en proteínas interfiere con la curación de la inflamación.
El mito de la autoinmunidad
Oirás con frecuencia que la inflamación crónica es el resultado del sistema inmunitario del cuerpo atacándose a sí mismo, es decir, que se trata de una respuesta autoinmune. Eso ocurre porque las comunidades médicas todavía no tienen las herramientas para detectar con qué frecuencia virus como el EBV y el HHV-6, y bacterias como el estreptococo, están presentes en el cuerpo. Estos invasores son las verdaderas fuentes de las respuestas inflamatorias de tu cuerpo. El cuerpo nunca se ataca a sí mismo. Cualquier anticuerpo presente, incluso si se le etiqueta como autoanticuerpo, en realidad está ahí para atacar a un patógeno y para atender, reparar y sanar el tejido lesionado por ese patógeno.
Cuando una lesión no sana
Cuando has sufrido una lesión física que no ha sanado en el tiempo en que debería, o que se reactiva sin motivo aparente mucho después del momento en que debería haber sanado, es porque las células víricas también atacan los puntos débiles, causando allí una inflamación crónica.


