Los lácteos —la leche, el queso, la mantequilla, la nata (crema), el suero de leche o la proteína de suero en polvo, el kéfir, el yogur, el ghee, la leche de oveja, el queso de cabra y todos los demás— alimentan a los patógenos. Además, si consumes lácteos, impides que tu cuerpo se depure, lo que significa que las toxinas y los patógenos que están detrás de las enfermedades crónicas no pueden salir de tu cuerpo para que puedas sanar.
Los lácteos se quedan y frenan la absorción
Los lácteos no se limitan a descomponerse, digerirse y seguir su camino por el aparato digestivo con prontitud. Se quedan ahí, lo que permite que los patógenos prosperen en el intestino delgado y el colon, y ralentiza la absorción y la asimilación de alimentos curativos como las frutas, las verduras, las hortalizas de hoja verde y las hierbas. Estos alimentos contienen nutrientes curativos que quedan atrapados en la película que dejan los lácteos y pierden su vitalidad y su valor.
El hígado, la mucosidad y el sistema linfático
Los lácteos también ahogan el oxígeno esencial y ralentizan la función hepática, lo que hace que el hígado se vuelva estancado y perezoso de forma inmediata y aguda (lo que además debilita el sistema inmunológico personalizado del hígado). Esto hace que se forme mucosidad.
Cuando tu hígado se obstruye, todas las toxinas que se escapan de él como consecuencia y entran en tu cuerpo aumentan los compuestos de histamina, que alimentan y forman más mucosidad. Los vasos linfáticos también se obstruyen con los subproductos de los lácteos. Los lácteos se interponen en el camino de las células asesinas naturales, lo que permite que patógenos como el estreptococo y el EBV prosperen y creen venenos que estimulan los vasos sanguíneos y los tejidos para producir líquido que se vuelve mucoso, y esa es otra razón por la que los lácteos forman tanta mucosidad.
¿Alergia a los lácteos o inflamación por patógenos?
A veces se considera que los lácteos son intrínsecamente alergénicos, cuando la verdad es que crean inflamación y otras reacciones porque alimentan a los patógenos, y son la actividad y los desechos de los patógenos los que provocan los síntomas en las personas.
Por qué cuesta tanto dejar los lácteos
Los lácteos tienen un componente adictivo porque los bichos que viven en nuestro organismo prosperan con ellos y prácticamente los reclaman. Además, el antojo de lácteos suele ser un antojo de azúcar provocado por la falta de glucosa esencial, porque la lactosa (azúcar) de los lácteos es bastante alta. El problema es que los lácteos suelen tener mucha grasa oculta, y la combinación de grasa y azúcar puede crear resistencia a la insulina. Cuando quieres que tu cuerpo esté en un estado de curación, lo mejor es evitar los lácteos.


