El moho suele llevarse la culpa de muchas enfermedades distintas, pero el moho en sí no es la causa de los síntomas y las afecciones crónicas. El moho es un desencadenante: debilita el sistema inmunitario para que las infecciones víricas y bacterianas de fondo, de bajo grado, como el Epstein-Barr, el herpes zóster y el estreptococo, puedan prosperar y multiplicarse, causando desde vértigo hasta sinusitis crónica. Los virus y las bacterias son la verdadera causa de incontables síntomas y afecciones, junto con los metales pesados tóxicos y otras toxinas.
Por qué unas personas tienen síntomas y otras no
Una persona puede exponerse al moho inhalándolo o comiéndolo y no presentar ningún síntoma. Cuando esto ocurre, es porque no tenía una carga viral lo bastante grande como para aprovechar la caída del sistema inmunitario que se produjo con esa exposición. En cambio, en alguien que tiene varios virus y/o bacterias y cepas más agresivas, la exposición al moho puede ser un desencadenante potente que active esos virus y bacterias de fondo, dando lugar a la aparición de nuevos síntomas o afecciones o al empeoramiento de los que ya tenía. De nuevo, la diferencia está en si esa persona tiene o no un problema vírico o bacteriano de fondo listo para causar estragos. Por eso alguien puede experimentar síntomas meses o años después de la exposición al moho, mucho después de que el moho haya desaparecido por completo de su vida. En realidad, es otro problema de fondo el que está detrás de sus síntomas.
El tipo de moho y el tiempo de exposición
Otro elemento es a qué tipo de moho se expone una persona y durante cuánto tiempo. Existen distintas variedades de toxinas de moho, algunas más agresivas que otras. Algunas apenas afectan al sistema inmunitario, mientras que otras son muy tóxicas.


