Al igual que el aumento de peso, el hambre misteriosa es un problema que a menudo se trata con poca amabilidad. Pero, independientemente de lo que alguien te haya podido decir, no hay nada malo en ti como persona. No es gula, no es un defecto de carácter. Hay una razón real por la que experimentas un hambre insaciable. Diferentes médicos han traído diferentes teorías a la mesa para explicar esta condición: el trastorno psicológico por atracones de comida, una mala comunicación en el cerebro, un trastorno de estómago, trastornos hormonales por el embarazo, la ovulación o la menopausia, hipertiroidismo, el trastorno afectivo estacional (TAE), depresión, diabetes y reflujo ácido. La lista sigue, y son diagnósticos dolorosos de recibir. Puede que te sientas en conflicto con tu propio cuerpo o con tu mente. La verdad, sin embargo, es que ninguno de estos diagnósticos llega de verdad al fondo del asunto. Como he compartido muchas veces, hay tantísimos síntomas y condiciones misteriosas para los que la ciencia y la investigación médicas no tienen respuestas. Hoy vamos a descubrir qué es lo que realmente tiene la culpa de tu hambre constante.
Un hígado hambriento
¿Qué podría hacer que quieras comer tanto? Un hígado hambriento: un hígado que necesita desesperadamente los tres C, los carbohidratos limpios críticos (critical clean carbohydrates). Lo que tu hígado no está hambriento es de calorías de grasa, que casi todo el mundo consume en grandes cantidades. Lo que de verdad está pidiendo a gritos es glucosa de frutas y de verduras ricas en carbohidratos como las patatas, las batatas y las calabazas de invierno. Sin embargo, cuando hay grasa en el hígado y en la sangre a causa de los alimentos altos en grasa que la mayoría consumimos desde que empezamos a comer alimentos sólidos, el hígado no puede acceder a nada de la glucosa que sí comemos. Si piensas que tú no llevas una dieta alta en grasa, es importante que sepas que las dietas altas en proteína son en realidad dietas altas en grasa. Casi todos los alimentos ricos en proteína son también intrínsecamente ricos en grasa, incluidos los huevos, el pollo, los frutos secos, las semillas, la leche, el queso, el pescado, la carne de vacuno, el bacon, el tofu y muchos más. Algunos de estos alimentos, como los huevos y los lácteos, es mejor evitarlos por las formas en que contribuyen a enfermedades y síntomas crónicos, que explico en Liver Rescue. Otros alimentos altos en proteína y en grasa todavía se pueden incluir, pero es importante que no dominen tu dieta, para que puedas hacer espacio a más alimentos ricos en glucosa como las frutas, las patatas y las calabazas de invierno. Para entender del todo por qué las tendencias altas en proteína y en grasa han ganado tanto terreno y qué puedes hacer al respecto, escribí un capítulo entero sobre este tema en Liver Rescue.
Ahora ya sabes que tu hígado está hambriento de glucosa. Es esta necesidad desesperada de glucosa la que impulsa el hambre intensa que algunas personas experimentan, esa sensación de que podrían seguir comiendo y comiendo. Un hígado sano ha acumulado reservas de glucógeno. Estas reservas son glucosa compactada en el tejido, que se usa para dar energía a tu cuerpo, mantener sanos tus órganos y prevenir enfermedades. Cuando el hígado se ve forzado a almacenar grasa en su lugar, pierde su almacenamiento de glucógeno y empieza a deteriorarse. Las grasas también impiden que la glucosa entre con facilidad en las células de otros órganos. El corazón, por ejemplo, es un músculo que necesita glucosa, o se debilita. En este caso, por increíblemente en forma que esté el físico de una persona, con el tiempo puede acabar abocada a un infarto si la dieta siempre es demasiado alta en grasa o en proteína y no tiene suficiente glucosa. Hasta que se reduzca la grasa en la dieta para que la glucosa pueda entrar en el hígado y en las demás células y órganos del cuerpo, y se consuma suficiente glucosa procedente de frutas y verduras ricas en carbohidratos, el hígado seguirá pidiendo a gritos más del combustible que necesita, lo que significa que el hambre constante que alguien experimenta continuará. Una vez que el hígado reciba el respiro de grasa que necesita y suficiente glucosa, y tenga la oportunidad de sanar, el hambre constante empezará a desaparecer.
Factores de estrés para el hígado
Además de las grasas, nuestros hígados están bajo estrés por la actividad patógena en nuestros cuerpos. Los virus y las bacterias se instalan en el hígado y se alimentan de metales pesados tóxicos (piensa en: cobre, acero, mercurio, plomo, aleaciones y muchos más). Algunas personas pueden tener una o dos variedades de estreptococo, por ejemplo, en lugar de otras con cinco u ocho variedades, mientras que otra persona puede tener una bacteria diferente y un virus como el HHV6. Pero no te dejes engañar: todo el mundo tiene virus en el hígado, siendo el Epstein-Barr el más común, y bacterias como el estreptococo. Los productos farmacéuticos, los pesticidas y los residuos de plástico también se acumulan y crean un vertedero en el hígado que además le impide acceder a la glucosa. Para ver la lista completa de los cientos de diferentes «Liver Troublemakers» (alborotadores del hígado) que pueden afectar la salud de tu hígado, consulta Liver Rescue. Aunque algunos de ellos forman parte de nuestra vida diaria y no se pueden evitar, otros se pueden minimizar o puedes prevenir la exposición o el consumo por completo. Todos estos alborotadores, además del exceso de grasa y de proteína en la dieta, pueden provocar un hígado lento o graso, que siempre está presente en alguien con hambre misteriosa. Si ahora mismo no sientes los efectos de un hígado graso o estresado que causa el síntoma de hambre misteriosa, no significa que no estés viviendo con otros síntomas causados por un hígado estresado. Lamentablemente, esta carga que el hígado soporta acabará alcanzándote. Sin embargo, con los alimentos y los pasos de sanación adecuados puedes darle la vuelta a esto y devolver la salud a tu hígado.
¿Qué puedes hacer?
No me refiero a los azúcares de mesa cuando te digo que tu consumo de azúcar tiene que aumentar. Las frutas, las batatas, todas las variedades de patatas y las calabazas de invierno son tus respuestas. No le tengas miedo a la palabra fructosa. No te prives de frutas sanadoras como manzanas, frutos rojos (berries), melones, uvas, plátanos, melocotones y ciruelas. El miedo a la fruta está por las nubes hoy en día, y es absolutamente crucial para tu salud y para la de tus seres queridos que conozcas la verdad sobre la fruta. Por eso traté este tema en un programa de radio y en un artículo. Cuando las necesidades de glucosa del hígado se satisfacen, este apaga tu señal de hambre. Todos los alimentos anteriores son ejemplos perfectos de carbohidratos limpios críticos que reabastecen el hígado.
Las sales minerales son otra parte de la ecuación. Esto significa añadir más verduras de hoja verde, apio, espinacas, coles de Bruselas y espárragos a tu dieta. Y, por supuesto, y quizá lo más importante, no olvides beber tu zumo de apio. Si puedes, intenta beber al menos 16 onzas (unos 470 ml) de zumo de apio puro al día. Las sales minerales del zumo de apio ayudarán a tu hígado a deshacerse del lodo que se acumula por culpa de virus indeseados y otras toxinas.
Como siempre, junto a estos «sí» también hay algunos «no». Ya seas vegano, paleo o vegetariano, es hora de reducir la cantidad de grasa en tu dieta por la razón que he compartido. Incluso las carnes magras están llenas de grasa. No hace falta que comas la piel del pollo para consumir grasa. La grasa recorre todas las carnes, está en su jugo y en el aceite de pescado. Cuando pienses en proteína, piensa en grasa. Para los carnívoros, eso significa reducir tu consumo de carne a una vez al día. Para los vegetarianos, elimina los huevos y los lácteos por esta razón, pero también por las muchas otras que comparto en Liver Rescue. Veganos: limitad la cantidad de cremas de frutos secos, tahini, aceites y aguacates que coméis. Al comer demasiado de cualquiera de estos alimentos, le hacemos un daño serio a nuestro hígado a largo plazo.
Seguir adelante
Recuerda que se supone que debes tener hambre durante el día, y que es bueno picar los alimentos adecuados cada hora y media o dos horas por tus adrenales (comparto más sobre esto en mis libros), pero el hambre constante o insaciable es una señal, una llamada de auxilio de tu hígado. Es un signo de un hígado graso o pre-graso: que el órgano está estresado y no puede almacenar glucosa. En un momento dado, la medicina convencional sabía que una dieta alta en grasa significaba acumulación de grasa en los órganos. Pero con una avalancha de tendencias, campañas de marketing y agendas ocultas a nivel de la industria, la verdad ha quedado barrida bajo la alfombra. No tengas miedo de sanar con la información correcta, que son las verdades que comparto aquí y en Liver Rescue. A veces hay crisis emocionales que pueden hacernos retroceder en lo que respecta a nuestra salud y a nuestros hábitos alimenticios. Lo importante es que sigamos poniendo un pie delante del otro y tomando las mejores decisiones que podamos en cada momento. Si necesitas ayuda para cambiar tu dieta o para crear comidas estupendas, Liver Rescue incluye muchas recetas deliciosas bajas en grasa con alimentos que sanan el hígado. Tómalo un día a la vez: tu hambre no es algo que conquistar, ni es un defecto. Es una señal de que tu hígado te necesita, y se puede revertir.


