El síndrome de Guillain-Barré sigue siendo una afección muy incomprendida por la investigación médica y la ciencia. La teoría que se maneja es que, en el Guillain-Barré, el sistema inmunitario del cuerpo ataca sus propias células nerviosas, causando un daño que con el tiempo puede desembocar en parálisis. Este concepto erróneo de autoinmunidad es un error que se repite en cientos de etiquetas de síntomas y afecciones dentro de la industria médica. En realidad, el cuerpo no se ataca a sí mismo, y el sistema inmunitario del cuerpo no ataca los nervios.
La verdadera causa es viral
La verdadera causa del Guillain-Barré es viral. En concreto, ciertas variedades de EBV suelen adherirse a los nervios o entrar en el cerebro, y cuando un virus se engancha a un nervio o a una célula nerviosa, crea una inflamación crónica que puede provocar episodios temporales de parálisis; tensión en la cara; dificultad para mover la mandíbula; rigidez corporal severa; la sensación de tener los músculos desgarrados cuando haces muy poco esfuerzo físico; dificultad para hacer cualquier tarea con las manos porque las muñecas fallan; dolor en los codos, las muñecas, los hombros, las piernas o el cuello; o convulsiones. Para que se produzca un daño nervioso tan extenso, debe estar presente una cepa mutada específica de EBV. Que quede claro: el EBV no es un desencadenante del Guillain-Barré. Es una causa.
Neurotóxicos virales: el otro factor implicado
La mayoría de las personas que conviven con un Guillain-Barré crónico también viven con los efectos de los neurotóxicos virales, y esos neurotóxicos no tienen por qué venir únicamente del EBV. Aquí también pueden estar implicados el herpes zóster, el HHV-6, el citomegalovirus y el herpes simple 1 y 2. A docenas de mutaciones de estos virus les encanta alimentarse de metales pesados tóxicos, disolventes, pesticidas, fungicidas, fragancias y productos petroquímicos, además de huevos, leche, queso, mantequilla y gluten, y producen neurotóxicos como materia de desecho. Estos neurotóxicos encuentran su camino hacia el tejido nervioso de todo el cerebro y el cuerpo, y provocan síntomas como hormigueos, entumecimiento, dolores, molestias, debilidad en las extremidades, temblores e incluso episodios leves de parálisis temporal. Los efectos sobre la salud de los neurotóxicos virales también pueden dar lugar a docenas y docenas de otros diagnósticos, como la esclerosis múltiple (EM), la ELA, la enfermedad de Lyme neurológica e incluso la neuropatía diabética.


