La verdadera causa de la tiroiditis de Hashimoto
Más del 95 por ciento de los trastornos de tiroides actuales, incluido el de Hashimoto, tienen su origen en una infección vírica. (El otro 5 por ciento procede de la radiación.) Ese virus es el Epstein-Barr (EBV).
Tras un largo periodo de incubación —normalmente en el hígado—, el EBV empieza su viaje hacia la tiroides y después entra en el tejido de la glándula. Con el tiempo, la carga viral debilita la tiroides y hace que produzca con menos eficacia las hormonas de las que depende el cuerpo. A medida que pasa el tiempo, en muchas personas el EBV también inflama poco a poco la tiroides, lo que lleva de un caso de hipotiroidismo a un caso de tiroiditis de Hashimoto. Esto no es tu cuerpo traicionándote. Al contrario: tu sistema inmunitario va detrás de un intruso real y trabaja duro para protegerte.
Tu cuerpo no se ataca a sí mismo
Las comunidades médicas creen que Hashimoto es el resultado de un sistema inmunitario que, de algún modo, se ha vuelto loco, confunde las células de la tiroides con invasores y les declara la guerra. Eso no es correcto. El cuerpo no se ataca a sí mismo. Nuestros sistemas inmunitarios no se confunden ni van contra nuestros propios órganos. Esto es tan cierto para la tiroides como para cualquier otra glándula u órgano. La teoría equivocada de la enfermedad autoinmune no es más que un juego de culpas. Señala con el dedo al propio cuerpo del paciente para distraer de la verdad: que la investigación médica todavía no ha arañado ni la superficie de lo que causa los trastornos de tiroides.
Qué alimenta al EBV
Los combustibles del EBV que hay detrás de los problemas de tiroides pueden ir del mercurio a hormonas no productivas o a residuos de alimentos problemáticos como los huevos.


